Construir es distancia


Hoy sabemos que el caos en las ciudades producido por la mezcla de usos y la yuxtaposición de actividades es aparente. Todo se rige por un orden superior mucho más complejo que hace que la ciudad funcione. Sin embargo, el Movimiento Moderno no pudo verlo de este modo porque fue el que llevó a cabo la prueba-error sobre la que nosotros miramos.

Los arquitectos modernos lucharon contra el caos en un contexto en el que era sinónimo de insalubridad y eso, pocas veces se tiene presente. Buscaron la igualdad y la estandarización de la calidad, mediante la prefabricación y la industrialización, que ya formaban parte de la arquitectura.

Del mismo modo, al igual que en el siglo XVIII, la ciencia se tomó como la verdad absoluta y enseguida la industrialización se trasparasó al urbanismo. La cuidad se fue zonificando y etiquetando. En busca de estos estandares se perdió la memoria de las ciudades, como cita Colin Rowe en su libro “Ciudad Collage”: “se dejó de observar lo que era obvio”1.

En la época, la Arquitectura Moderna era considerada como la Biblia, la doctrina real que había resuleto numerosos problemas en la ciudad. No fue hasta el post-modernismo cuando se puso realmente en duda y se empezaron a cuestionar estas ciudades que no estaban pensadas para habitar en ellas, donde la ciudad se concebía desde la organización del espacio privado.

Al igual que Collin Rowe,a lo largo del siglo XX, aparecieron muchos otros arquitectos que se posicionaron contra este tipo de urbanismo. Jane Jacobs escribe en “Vida y muerte de las grandes ciudades”2 como la Arquitectura moderna ha creado monocultivos sociales y ha favorecido la pérdida social y cultural de las ciudades. A través de su crítica desde lo cotidiano, explica como una ciudad con gente en la calle es segura. La seguridad está en el carácter social, en la vecindad.






Estas observaciones nos parecen ahora de los más lógicas, pero no hay que olvidar que nosotros contamos con una distancia que nos permite ver los postulados modernos como los arquitectos de los años 20 no pudieron. Aunque si bien es verdad, tampoco hay que olvidar que construir la ciudad es distancia, es construir para los que vienen detrás.




Ospedale di Venezia, Le Corbusier 1963.

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