OPINIÓN: El icono vacío


El otro día en clase hablamos de arquitectura en los medios... 
Como los blogs tienen poco criterio a la hora de hablar de arquitectura y su discurso es meramente insustancial... Me dió que pensar...

En 2008, con la excusa de la Expo del agua, Zaragoza buscó su transformación arquitectónica y urbanística definitiva basada en la obsesión por hacerse con un nombre propio y situarse en el mapa del panorama actual. Una operación que, me atrevo a decir como zaragozana y futura arquitecta, se ha llevado a cabo con bastante éxito, a pesar de excepciones.

Lo que en Barcelona se intentó conseguir con la Torre Agbar como símbolo de la transformación de Poblenou y del 22@, llegó aquí con la Torre del Agua; el edificio principal de la feria, que albergaría la exposición “Agua y vida” y que se convertiría también el símbolo de esta transformación.

Entra así en juego en el skyline de la capital aragonesa, tan perseguido por los políticos, el rascacielos de 80m del arquitecto madrileño y discípulo de R. Moneo, Enrique de Teresa que resalta ya desde la lejanía contrastando con el paisaje horizontal característico de la región.

El edificio, que desde un primer momento fue planteado como el nuevo emblema de la ciudad, aparece en una de las esquinas del antiguo recinto ferial al otro lado de la carretera como una enorme escultura vertical y acristalada de formas sinuosas que evocan fluidez. En planta, llevándo la metáfora al límite, imita la silueta de una gota de agua, cumpliendo con la función de icono en su versión más literal. Esta forma dota al edificio de versatilidad en cuanto a las distintas lecturas que pueden hacerse de él según el punto de vista desde el que el espectador esté posicionado.

El arquitecto, condicionado desde un principio por el programa de un pabellón expositivo en altura, pero sacándole provecho; apostó por un gran edificio vacío transparente y diáfano que busca generar un interior de gran escala muy luminoso, el cual se activa mediante un itinerario en doble rampa helicoidal que lo bordea pegado a la fachada que sube hasta un mirador.

Así mismo, este enorme pabellón que se lee como una única torre, puede plantearse como una dualidad que aúna dos elementos diferenciados tanto por su forma exterior e interior, como por su funcionalidad.

El primero de ellos es un zócalo triangular opaco que ocupa toda la parcela salvando el desnivel y permitiendo el apoyo de un puente que llega desde el recinto ferial y actúa como entrada monumental a la base de la torre.

La torre, apoyada sobré el zócalo, es el elemento que convierte al edificio en signo reconocible. Se concibe como un volumen que encierra un gran vacío central. Es unicamente una piel transparente que encierra el espacio y lo recorre por unas rampas que nos presentan en su trayecto la dualidad entre el paisaje y el interior en el que durante la exposición estaba suspendida la escultura “Splash”.

Como signo de una transformación y una evolución en la arquitectura zaragozana, el edificio debía hablar de nuevos materiales y . Por otro lado, diseño de este vacío interior exigía una simbiosis entre la arquitectura y el sistema resistente. Por ello, se empleó una estructura casi diáfana de vigas diagonales de acero que enmarcan las superficies acristaladas que quedan protegidas mediante unos aleros de aluminio con celosía que remarcan las curvas en fachada potenciando el dinamismo de su forma exterior.

Sin duda, el edificio cumple con su función de emblema. Gracias a su atractivo, su lenguaje novedoso y su carácter monumental tanto exterior como interior ha sabido convertirse en la imagen de la ciudad; pero una vez acabada la Expo 2008 el propio diseño de la torre se ha vuelto contra sí misma. Actualmente, a pesar de que el arquitecto concibió su posible ampliación y construcción de forjados, se encuentra totalmente vacía. Es el símbolo de la Zaragoza del futuro y no hemos sabido acabar de formarlo como tal convirtiéndolo realmente en un emblema de la ciudad. ¿No hemos sido capaces de apropiarnos de nuestro propio emblema y nos conformamos con visitas abiertas al público los fines de semana? Por ejemplo, ¿Por qué no tomarnos las 12 uvas el día de noche vieja en sus rampas? ¿Por que construir un nuevo Caixa Forum teniendo la Torre del Agua?

Está claro que el edificio posee un gran valor arquitectónico y ha conseguido también un valor social, pero está claro que no debe responder sólo a una función limitada dentro de un espacio de tiempo. Sí es tan nuestro como lo fue, tal vez deberíamos comenzar a usarlo.




Comentarios

Entradas populares